
Rory McIlroy pone la directa con un récord histórico, y Rahm y Sergio pasan el corte por los pelos
Intratable y tocado por los dioses. No se puede decir más con menos palabras de la actuación del defensor del título, el norirlandés Rory McIlroy, que salió reforzado del Amen Corner y que bordó los últimos hoyos de esta segunda ronda del Masters de Augusta en la que batió un nuevo récord histórico al colocarse con seis golpes de ventaja tras 36 hoyos.
Son las cosas que tiene Augusta National. Como una bella mujer que se deja seducir y admirar por quienes más la sufren, pero que se muestra implacable con aquellos que la adoran. Fue la cara y la cruz de los tres españoles que acudieron a la esta 90º edición del Masters de Augusta; tres maestros con sentimientos muy dispares sobre uno de los campos más exclusivos y difíciles del mundo. Si la organización se lo propone, y con las condiciones de extrema sequedad de esta semana (no se recuerda una semana tan seca desde 1999, cuando José María ganó su segunda Chaqueta Verde) el campo se puede preparar con greenes como cristales, imposibles de parar la bola, “si la organización quiere esto puede terminar con un fin de semana sobre par”, comentaba Jon Rahm, uno de los damnificados de la segunda ronda.
Y es que esta segunda ronda amenazaba con dejar fuera a los tres españoles en competición, algo que no ni yo misma alcanzo a recordar en mi memoria: 1985, cuando el único español en competición Seve Ballesteros falló el corte por poco.
No fue un gran día para los jugadores españoles. Olazábal se topó de bruces con la realidad (75 golpes ,+9) y un año más se queda fuera del corte muy a su pesar “hubiera sido un lujo jugar el fin de semana en Augusta, pero ya dije que el campo se me hace muy cuesta arriba”. Nadie le puede negar al vasco que se deja el alma en cada golpe y que sonríe con cada birdie, aunque en la última ronda sólo llegó el del hoyo 16, y algún que otro gran putt para salvar un par, que todo suma en Augusta.
“La verdad es que me han sobrado tres hoyos. Y a pesar de que no me ha salido nada, si que he disfrutado. A lo largo de los últimos nueve hoyos sí que me he acordado de momentos del pasado, de historias, de la persona que me ha acompañado aquí durante muchos años (Sergio Gómez, su manáger); y bueno, rincones del campo que me llenan de una paz muy especial. Pese a los errores que he cometido, me quedo con los hoyos buenos y sé que hay margen de mejora. Si la salud me lo permite, y el cuerpo no se me cae a cachos, vendré todo lo que pueda. Este sitio me ha dado muchísimo, se dónde estoy y cuál es mi lugar. Pasar el corte sería un sueño, pero tampoco pasa nada. Cada vez que estoy aquí estoy en paz conmigo mismo”.
La cruz de la moneda la pusieron Sergio García y Jon Rahm, que pasaron el corte, aunque muy abajo en la tabla.
El castellonense (45º, con +3) mostró la desesperación con su juego, “llevo así desde hace cuatro meses y ya no sé qué hacer. A veces se me pasan ideas muy negras por la cabeza”, e hizo el gesto de querer tirar la toalla y abandonar, o simplemente de colgar los palos. Aunque a buen entendedor… es el calentón del momento y ver que las cosas no salen como una planea pese a que en algunos momentos desplegó un buen juego; es producto de la frustración de que las cosas no salgan como una quiere. Frustración que pagó con alguna que otra patada al campo, aunque la peor imagen la dio el escocés Robert MacIntyre en la primera ronda cuando en el 15 se fue dos veces al agua y de rabia golpeó el fairway levantando una enorme chuleta. Una herida abierta a la ‘Vecchia Signora’ que ni él ni su caddie repararon despuñes.
Algo parecido expresó Jon Rahm, que en el puesto 48º (+4), pasó el corte por los pelos. “Al menos sé lo que estoy haciendo mal. Hoy las cosas han ido un poco mejor y el parcial ha sido de dos menos del campo. Ahora tengo que ponerlo en práctica y viendo el marcador creo que un Top 10 es posible, si sale todo, claro. A ver si puedo seguir jugando mejor el fin de semana, a ver si mañana me acerco al par y, bueno, hago una vuelta baja domingo. Habiendo ya jugado el campo dos veces y sabiendo que más o menos no van a cambiar las condiciones, si no lo ponen muy duro, todo es posible”.
Rory, tocado por los dioses y récord histórico.
Dicen que ‘el genio es 1% inspiración y 99% transpiración’. A lo que hay que añadir una gran dosis de suerte y estar tocado por la mano de los dioses. Todo ello se conjuró ayer en las manos de Rory McIlroy que nos deleitó con un espectáculo de golf, de esos que crean afición. Para nada recuerda a ese Rory melindroso, ansioso y fallón en los hoyos decisivos de años anterior a su Chaqueta Verde del año pasado. Vimos un ‘Maestro’ tocado con la vara divina de la genialidad (vaya chip que entró desde el más allá en el 17 para colocar el -11 en el marcador, su tercer birdie consecutivo), al que acompañaría uno más, en el difícil hoyo 18.
65 golpes, doce bajo par final, y seis golpes de diferencia con el segundo. Rory estableció un nuevo récord en la historia del Masters, ya que nadie había sacado seis golpes de diferencia al segundo clasificado de cara al fin de semana. El récord, hasta hoy, era de cinco golpes al término de los 36 hoyos, y todos lograron la victoria final: Scottie Scheffler (2022), Jordan Spieth (2015), Raymond Floyd (1976), Jack Nicklaus (1975) y Herman Keiser (1937).
McIlory jugó con la bola como quiso, la colocaba donde pensaba, la movía cuando marioneta por el campo y entraba al hoyo desde cualquier lugar. Así, hasta parece fácil
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